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In Memoriam Colin White

Un blog dedicado a la memoria de nuestro querido maestro

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Recordando a Colin

December 10, 2007 by Ernesto Priego

foto de Miranda Romero

En este blog incluiré los vínculos a lo que sus alumnos y amigos han escrito en su memoria en la blogósfera y el resto del Internet. Será también un espacio para expresar nuestro afecto por la memoria de un gran profesor universtario.

Arriba verán una “pestaña” que es el vínculo a la página que titulé “Los blogs recuerdan”, donde deseo construir un directorio de vínculos sobre Colin. Por favor visítenla y comenten. Agradeceré que den noticia allí de otros testimonios que no estén todavía en la lista. Ojalá esta página sirva como un lugar donde todos los que le conocimos podamos reencontrarnos y recordar con cariño y respeto su vida y legado.

Doy inicio con el texto que amablemente me envió por correo electrónico ayer el maestro Antonio Saborit. Apareció en el suplemento El Ángel, del periódico Reforma (lamentablemente la versión en internet de ese periódico sólo es accesible para los suscriptores en papel. Tremendo despropósito).

Colin White Muller, impulsor y artífice intelectual del sistema de la universidad abierta y uno de los profesores más brillantes y respetados en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, murió la mañana del jueves 8 de diciembre a la edad de 75 años.

White Muller nació en enero de 1932 en el seno de una familia obrera y vivió los primeros años de su infancia en pueblo chico, hasta que al final de los novecientos treinta la familia se instaló en Londres. La guerra alteró significativamente la vida de White Muller, pues no sólo entrañó la partida de su padre al frente, sino también el alejamiento de Londres, debido a los bombardeos, y su repentina y pronta transformación en el jefe de la familia, por lo que se vio obligado a viajar entre Gales, Escocia e Inglaterra.

White Muller se educó en escuelas públicas y antes de ingresar a la Universidad de Cambridge realizó su servicio militar entre la tropa del ejército regular. Por lealtad con su regimiento, y en lugar de tomar el camino de la universidad, permaneció en el ejército hasta caer herido en Corea y ser enviado de regreso a casa. En Cambridge estudió literatura inglesa, pero durante las vacaciones nunca dejó de emplearse en diversos trabajos, como leñador, como jornalero en el campo, como minero en Escocia. Concluidos sus estudios universitarios, White Muller decidió alejarse del mundo académico y dedicarse en cambio a la minería de tiempo completo, lo que hizo hasta que en 1956, a la edad de veintidós años, puso un mar de por medio entre él su tierra natal, indignado por la postura política que asumió la Gran Bretaña en torno al Canal de Suez. En Canadá trabajó en la extracción de plata hasta que una crisis del sector lo alejó de las minas y se vio obligado a emplearse de nueva cuenta como leñador en Vancouver.

No obstante que de México apenas conocía Vera Cruz, la película de Robert Aldrich de 1954, o bien nada más por eso, White Muller decidió viajar hacia el sur. Precisamente en Veracruz conocería a Lucha, la mujer que desde entonces lo acompañaría por todas partes y con quien se estableció en la ciudad de México.

En los novecientos sesenta se ganó la vida dando clases de inglés, traduciendo guiones y como profesor de asignatura en las carreras de ingeniería y letras inglesas, lo que le permitió seguir más o menos de cerca la expulsión del rector Ignacio Chávez y el movimiento estudiantil del 68. Las atmósferas políticas y culturales derivadas de este último lo alejaron de la universidad, o mejor dicho lo llevaron a concentrarse en el diseño y a armado del primero de los tres barcos que construyó en su vida.

Mr. White se convirtió en una figura paradigmática en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, y muy en particular, en letras inglesas, a partir de los novecientos setenta. Irónico, agudo, puntual, crítico, vivía en constante sublevación en el mundo académico del que formaba parte y su magisterio no tuvo otro norte que el de tratar de formar buenos e informados lectores, llevándolos a construir, defender y argumentar puntos de vista propios en medio del hosco vapuleo de su indudable erudición y de un fino y aplastante sentido del humor. “Me enseñó la importancia del desacuerdo”, escribió uno de sus alumnos, “y la manera en la que la amistad y el respeto pueden existir hasta cuando no hay un consenso”. Rara vez no era el primero en llegar al salón de clase y por lo general siempre estaba ahí, en la mesa del maestro, fumando con la vista clavada en las páginas de uno de los gruesos volúmenes de la Oxford Anthology. En sus clases era temible, pero no menos lo era fuera de ellas, por lo general en bebederos ubicados en las inmediaciones de Ciudad Universitaria –como La Providencia, La Tasca Manolo o la Fonda San Ángel– en donde al final del día continuaba la enseñanza, entre discusiones y relatos que giraban sobre el polo de la vida y las letras.

Impulsó y defendió la puesta en marcha de la universidad abierta, la cual inició su actividad en 1976 con la carrera de letras inglesas y apenas el año pasado celebró sus primeros treinta años de vida. Nada más natural en alguien como él, crítico permanente de las inercias y hábitos de la vida académica y absoluto creyente en la dedicación y el esfuerzo individuales. Su pasión por la historia lo llevó incluso a impartir algunas clases en la misma facultad, pero aún así no se libró de pagar su cuota a la Facultad de Filosofía y Letras y asumió con creatividad e inteligencia sus tareas como coordinador del Colegio de Letras Inglesas, como titular de la División del Sistema de Universidad Abierta y como jefe de la División de Estudios Profesionales. Su desempeño en estos cargos fue responsable y ejemplar, tan alto como su magisterio. Y en efecto, en los últimos treinta años fue uno de los pilares intelectuales y administrativos de la misma Facultad de Filosofía y Letras.

Lector voraz, gran conversador, maestro de maestros, pero sobre todo, maestro inigualable. Tal fue Mistah White, una luz en el corazón de las tinieblas. Por eso digo con Ernesto Priego, otro de los alumnos de Colin: Earth, receive an honoured guest.

-Antonio Saborit

Posted in In Memoriam Colin White | 11 Comments

11 Responses

  1. on December 10, 2007 at 4:35 pm Hilda Dominguez

    Gracias Ernesto. El compartir con los hermanos este desamparo ha sido la única manera de sobrellevarlo, apenas.
    Este dolor es tan tremendo que sólo puede llevarse en los hombros de muchos.


  2. on December 10, 2007 at 5:11 pm M

    Gracias, Ernesto.


  3. on December 10, 2007 at 8:04 pm M

    Otra cosita: hay que observar que el texto original es de Miranda Romero y que, al parecer, Antonio le hizo un par de cambios para publicarlo en Reforma. Digo, hay que tenerlo en cuenta.
    M


  4. on December 10, 2007 at 8:08 pm Ernesto Priego

    Mario, (¿si eres M de Mario Murgia, verdad?) me permito copiar y pegar el mensaje que me envió por correo electrónico Antonio, y que recibí el domingo por la tarde. Es el mensaje que acompañaba el attachment.

    Fecha: Sat, 8 Dec 2007 09:54:18 -0800 (PST)
    De: “Antonio Saborit”

    Asunto: CWM
    Para: ernesto priego

    Querido Ernesto:

    El jueves por la mañana, llamé por teléfono a mi editora en El Ángel para solicitar un espacio para el obituario al mejor maestro de la Facultad de Filosofía y Letras, Colin White. ¿Quién lo puede escribir?, me preguntó Beatriz de León. Si hoy en el transcurso del día no encuentro a nadie que se anime a hacerlo, le dije, puede estar segura de que mañana viernes a las diez de la mañana lo tendrá en su buzón electrónico escrito por mí.

    La edición del Ángel se cierra normalmente los jueves, así que te imaginarás la presión.

    Jorge Alcázar no se animó y ya no pregunté más a nadie. Por la noche,en Gayosso, alguien comentó que habías subido muchas imágenes, pero no me imaginé que habías escrito los párrafos maravillosos que leí más tarde. Verás, en el attachment que aquí envío, que algo de lo tuyo ha servido para restarle pobreza a mis páginas. En ellas también usé información que encontré en un blog -un artículo titulado “Mr. Colin White” cuyo crédito no aparece en ninguna parte. Nadie que conociera a Colin White
    se atrevería a escribir algo difamándolo, de ahí que decidiera que tal información era verdadera.

    En fin, Ernesto, aquí van mis páginas. Debí pensar antes en ti para este obituario.

    Un abrazo.

    Antonio

    Un saludo desde Londres.


  5. on December 10, 2007 at 10:53 pm M

    Muy bien, Ernesto. Gracias por la aclaración. Para más datos sobre esto, hay que dirigirse al blog de Miranda: astheillnesscomesagain.blogspot.com. Y muchas gracias otra vez, Ernesto, por este blog. Mr White hubiera gritado “Fuck!”, pero Dios sabe que de pronto nos daba un extraño placer culpable hacerlo rabiar…


  6. on December 10, 2007 at 11:18 pm Elika

    Qué buen trabajo Ernesto y todos los demás que han sabido que decir. Yo debo confesar que no he podido decir nada, las palabras no me fluyen, incluso escritas se ahogan y eso me avergüenza mucho.
    Abrazos a todos


  7. on December 11, 2007 at 2:48 am Argel

    me había dado cuenta de lo que dice “M”, ¿eres mario?; ¿entonces “Irene Adler” es Miranda Romero? Creo que Saborit sacó la información de un blog que se llama “no pongo acentos por flojo” (y no del de Miranda/Irene), en el funeral me preguntó si sabía de quién era ese blog.


  8. on December 11, 2007 at 4:52 am ernesto sandoval

    enorme labor, tocayo. gracias por abrir este espacio!

    abrazote


  9. on December 11, 2007 at 8:29 am Ernesto Priego

    …yo por eso firmo con nombre y apellido reales…

    Gracias a los que han pasado por acá. No hay nada qué agradecer, este es un espacio de tod@s para recordar a Colin. Claro que coincido con Mario que a él seguramente le hubiera parecido una idea terrible…


  10. on December 12, 2007 at 4:31 pm Hilda Dominguez

    A todos,

    Ayer empecé a teclear aquí algo que después borré porque no quise armar un barullo. Pero acabo de recibir un correo de mi amiga Miranda, quien ha pasado por acá y siente un enojo profundo y, creo, a todas luces justificado. Así que hoy sí escribo lo que quería decir ayer.

    Ernesto, me parece del todo injusto que anotes que “por eso” (¿qué será “eso” me pregunto?) hay que usar nombre y apellido reales. Por más que se considere un blog “asunto público” cualquiera tiene derecho a usar un pseudónimo si le da la gana (en el caso de Miranda, Irene Adler tiene más de 10 años). Mirada tuvo su blog simplemente para ella durante mucho tiempo y no fue sino hasta que el autor de “no uso acentos por flojo” buscó en google el nombre de Colin, que dio con el texto de Miranda.

    Miranda se ha portado magnífica, regalándonos a todos no sólo su texto, sino todas las fotos que ya pueblan múltiples espacios en la red. Era primordial que Saborit, por decir lo mínimo, diera crédito a “Irene Adler” y mencionara en su nota del Reforma que tomó las informaciones del texto en ese blog. Miranda tiene todo el derecho de usar los pseudónimos que quiera, como todo mundo. No es obligación asentar su nombre tal cual aparece en su acta de nacimiento en un blog que es suyo y del cual puede hacer lo que quiera.

    Qué tristeza, qué impotencia, que en el marco de este evento tan duro para todos ocurra algo como esto. Y, sobre todo, que se abuse de la generosidad de alguien que, en todo caso, muy bien pudo guardarse todas sus cosas y no compartir nunca nada. Miranda lo hizo de buena fe y sabiendo quién era Colin para todos nosotros.

    Mignonleta (alias Hilda Leticia Domínguez Márquez)


  11. on December 12, 2007 at 5:29 pm Ernesto Priego

    Hilda, lo malo de la comunicación electrónica escrita es que luego no se transmiten los tonos. Yo siempre he dado los créditos a quien corresponde, aunque sean pseudónimos.

    En cualquier caso, esto es una discusión entre Antonio Saborit y el autor del texto en el que se basó. Yo simplemente lo compartí aquí.

    No quise ofender a nadie con mi comentario sobre los nombres y apellidos reales. Por supuesto que todo mundo tiene derecho a firmar como le plazca. Simplemente fue un comentario personal, al que sobra decir tengo derecho, expresando que quizá la supuesta controversia no hubiera tenido lugar si ese texto que según Saborit no estaba firmado hubiera estado firmado.

    Si hay algún problema por créditos, la cuestión debe ser hablada entre Miranda Romero (o Irene Adler) y Antonio Saborit.

    Agradeceré, como editor y moderador de este espacio, que permanezcamos respetuosos y no continuemos debates innecesarios. Este es un espacio para el recuerdo de un ser querido, y debe ser respetado como tal.

    Gracias.



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