In Memoriam Colin White (1932-2007)

Colin White en la UNAM. Foto de Miranda Romero

Colin White en la UNAM. Foto de Miranda Romero

Este es un sitio dedicado a la memoria de Colin White Muller (1932-2007), profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Este sitio lo inició Ernesto Priego en la ciudad de Londres el 10 de diciembre de 2007 al enterarse del fallecimiento del maestro. El sitio se rediseñó el 22 de marzo de 2012. Aunque la sección dedicada al blog ya no se actualiza periodicamente, ésta permanece en línea como un ejercicio de memoria. La sección “En la red” permanece abierta; deseamos seguir recibiendo vínculos a referencias o artículos recordando a Colin White.

La iniciativa tuvo como comentido invitar a la comunidad de letras inglesas de la UNAM y a los lectores a participar enviando sus recuerdos de Colin, así como para contar con un testimonio en línea (claro, fragmentario) de su vida y obra. Se trató de invitar a un trabajo de duelo colectivo, así como para documentar la indeleble huella que dejó en tantos de nosotros.

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¿Quién fue Colin?

Texto de Antonio Saborit

Colin White Muller, impulsor y artífice intelectual del sistema de la universidad abierta y uno de los profesores más brillantes y respetados en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, murió la mañana del jueves 8 de diciembre a la edad de 75 años.

White Muller nació en enero de 1932 en el seno de una familia obrera y vivió los primeros años de su infancia en pueblo chico, hasta que al final de los novecientos treinta la familia se instaló en Londres. La guerra alteró significativamente la vida de White Muller, pues no sólo entrañó la partida de su padre al frente, sino también el alejamiento de Londres, debido a los bombardeos, y su repentina y pronta transformación en el jefe de la familia, por lo que se vio obligado a viajar entre Gales, Escocia e Inglaterra.

White Muller se educó en escuelas públicas y antes de ingresar a la Universidad de Cambridge realizó su servicio militar entre la tropa del ejército regular. Por lealtad con su regimiento, y en lugar de tomar el camino de la universidad, permaneció en el ejército hasta caer herido en Corea y ser enviado de regreso a casa. En Cambridge estudió literatura inglesa, pero durante las vacaciones nunca dejó de emplearse en diversos trabajos, como leñador, como jornalero en el campo, como minero en Escocia. Concluidos sus estudios universitarios, White Muller decidió alejarse del mundo académico y dedicarse en cambio a la minería de tiempo completo, lo que hizo hasta que en 1956, a la edad de veintidós años, puso un mar de por medio entre él su tierra natal, indignado por la postura política que asumió la Gran Bretaña en torno al Canal de Suez. En Canadá trabajó en la extracción de plata hasta que una crisis del sector lo alejó de las minas y se vio obligado a emplearse de nueva cuenta como leñador en Vancouver.

No obstante que de México apenas conocía Vera Cruz, la película de Robert Aldrich de 1954, o bien nada más por eso, White Muller decidió viajar hacia el sur. Precisamente en Veracruz conocería a Lucha, la mujer que desde entonces lo acompañaría por todas partes y con quien se estableció en la ciudad de México.

En los novecientos sesenta se ganó la vida dando clases de inglés, traduciendo guiones y como profesor de asignatura en las carreras de ingeniería y letras inglesas, lo que le permitió seguir más o menos de cerca la expulsión del rector Ignacio Chávez y el movimiento estudiantil del 68. Las atmósferas políticas y culturales derivadas de este último lo alejaron de la universidad, o mejor dicho lo llevaron a concentrarse en el diseño y a armado del primero de los tres barcos que construyó en su vida.

Mr. White se convirtió en una figura paradigmática en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, y muy en particular, en letras inglesas, a partir de los novecientos setenta. Irónico, agudo, puntual, crítico, vivía en constante sublevación en el mundo académico del que formaba parte y su magisterio no tuvo otro norte que el de tratar de formar buenos e informados lectores, llevándolos a construir, defender y argumentar puntos de vista propios en medio del hosco vapuleo de su indudable erudición y de un fino y aplastante sentido del humor. “Me enseñó la importancia del desacuerdo”, escribió uno de sus alumnos, “y la manera en la que la amistad y el respeto pueden existir hasta cuando no hay un consenso”. Rara vez no era el primero en llegar al salón de clase y por lo general siempre estaba ahí, en la mesa del maestro, fumando con la vista clavada en las páginas de uno de los gruesos volúmenes de la Oxford Anthology. En sus clases era temible, pero no menos lo era fuera de ellas, por lo general en bebederos ubicados en las inmediaciones de Ciudad Universitaria –como La Providencia, La Tasca Manolo o la Fonda San Ángel– en donde al final del día continuaba la enseñanza, entre discusiones y relatos que giraban sobre el polo de la vida y las letras.

Impulsó y defendió la puesta en marcha de la universidad abierta, la cual inició su actividad en 1976 con la carrera de letras inglesas y apenas el año pasado celebró sus primeros treinta años de vida. Nada más natural en alguien como él, crítico permanente de las inercias y hábitos de la vida académica y absoluto creyente en la dedicación y el esfuerzo individuales. Su pasión por la historia lo llevó incluso a impartir algunas clases en la misma facultad, pero aún así no se libró de pagar su cuota a la Facultad de Filosofía y Letras y asumió con creatividad e inteligencia sus tareas como coordinador del Colegio de Letras Inglesas, como titular de la División del Sistema de Universidad Abierta y como jefe de la División de Estudios Profesionales. Su desempeño en estos cargos fue responsable y ejemplar, tan alto como su magisterio. Y en efecto, en los últimos treinta años fue uno de los pilares intelectuales y administrativos de la misma Facultad de Filosofía y Letras.

Lector voraz, gran conversador, maestro de maestros, pero sobre todo, maestro inigualable. Tal fue Mistah White, una luz en el corazón de las tinieblas.

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